“Digo lugar y estoy mintiendo, porque este sitio no existe. Este limbo (que no es ni urbano ni rural) se ubica en una nota al pie que pasa desapercibida en la lectura. No existe en los mapas porque se refleja en los cuerpos: es la tercera orilla de un arroyo artificial, en el medio del medio. Tampoco tiene ubicación temporal: quedamos suspendidas en un retorno eterno, en la búsqueda perenne de un hueco en la vida. Una mirada o un reflejo se dilatan en la imagen, como si esperaran pacientemente a que alguien venga y los mire, a que alguien los vea”.